jueves, 29 de noviembre de 2007

Caribbean Jazz Project




A principios de los 90´s, al vibrafonista Dave Samuels le encargaron formar un grupo excepcional para un concierto que se realizaría en el Zoológico del Central Park en Nueva York. Para esta ocasión, Samuels buscó formar una super banda de influencia latina, para lo que se convocó a Andy Narell, músico que tocaba los steel drums (instrumento típico de Trinidad y Tobago), y a Paquito D´Rivera en el saxo alto y el clarinete, gran personalidad dentro del mundo del latin jazz.

Luego de esta primera incursión exitosa se preveía que cada uno siguiera un camino distinto, como suelen hacerlo los músicos de jazz, donde las reuniones son tan comunes como poco duraderas debido, en parte, a que cada uno de ellos tiene una agenda bastante apretada de presentaciones en distintas partes del mundo. Sin embargo, fue obvio que cierta magia había resultado de esta conjunción de talentos; y al parecer ellos mismos lo sintieron de este modo, por lo que continuaron tocando juntos y, para el año 1995, el grupo ya estaba constituido, causando sensación con esa mezcla única de música latinoamericana de Cuba, Brasil y caribeña.

Para abril del 95 se lanzó su disco debut homónimo. Este fue un producto extraordinario, aclamado por la crítica y por otros músicos, y que ha sido descrito como poseedor de un sonido “melódico y percusivo, explosivo en partes y apasionado en otras, una colección de placeres tropicales y atmósferas seductoras”1. Había una especial relación en este entre el vibráfono y los steel drums, que confería a esta banda un sonido excepcional, una base rítmica sólida, mientras que los solos de Paquito D´Rivera se lucían poderosamente en las canciones, confiriéndole la fuerza y la versatilidad del jazz a los temas.

Además, los músicos que completaban la banda, como el pianista argentino Darío Eskenazi, en el bajo el peruano Oscar Stagnaro, el baterista Mark Walter, y Luis Conte en congas, formaron un conjunto con un sonido excepcional, con músicos de diferentes regiones y culturas, lo que daba como resultado que cada concierto de esta banda terminara siendo un viaje a través de este basto territorio americano, tan rico en música y expresiones culturales que, a través del tiempo, han sabido fusionarse con gran éxito con el jazz.

El segundo disco, Island Stories se grabó con el mismo grupo de músicos, con la excepción de Conte que es reemplazado por Pernell Saturnino. Este disco presenta un repertorio más amplio, con composiciones propias y algunas versiones de temas clásicos del repertorio latino, como la versión muy acertada de “Libertango” de Astor Piasola. Habría que hacer especial énfasis en “Tjader Motion” de Dave Samuels. Es interesante observar que en el grupo los protagonismos y la composición giran alrededor de todos sus miembros, lo que le otorga al disco una fluidez poco común, y que hace que este disco supere al anterior, aun cuando el primero se encontraba muy bien logrado.

Posteriormente a este disco han aparecido otros varios álbumes, en los que, si bien su calidad musical es indudable, ya no se encuentran ni Narrel ni D´Rivera, lo que le quita, a mi parecer, gran parte de su personalidad, de esa presencia única que caracterizaba a la banda. Los discos de esta época se escuchan como discos clásicos de latin jazz. De todos estos, el llamado “Here and Now: Live” del 2005, disco doble en concierto es resaltante, porque la banda en vivo tiene una presencia y fuerza que no es tan visible en los discos en estudio.

El 2006 apareció un disco que ha sorprendido gratamente a los fans del Caribbean Jazz Proyect. Estoy hablando de New Conceptions, disco en el que, entre otros, colaboran Dave Samuels, Paquito D`Rivera y Andy Farell nuevamente en algunos temas. Este disco presenta una frescura que pareció se había perdido con el Island Stories. Además de los temas con los dos Miembros fundadores restantes, en el disco podemos oír una variedad de ritmos, en el que destaca el último tema del CD que cierra magistralmente, con presencia del cajón peruano, y con una fusión de ritmos caribeños y música criolla del Perú.

Creo que vale la pena dedicarle un buen momento a escuchar a esta extraordinaria banda, conseguir los clásicos y, sobre todo, encontrar y examinar el último álbum, una excelente muestra de lo que Latinoamérica puede aportar al mundo musical del jazz.

jueves, 5 de julio de 2007

DE LA TIERRA AL CIELO

DE LA TIERRA AL CIELO
Rumba para Choco


Por Vladimir Inguil


Cuando terminó de sonar la ultima nota en la voz de Chaqueta Piaggio, y los corazones de los presentes se estremecían, pensé, como uno de esos palpitos que nos asaltan súbitamente “Chocolate esta aquí, Chocolate nunca se ha ido“, la idea llegó a mi mente y se afianzaba mientras las más de 120 personas que colmaron aquella noche aquel bar barranquino con nombre de animal mitológico, se abrazaban, sonreían, secaban el sudor por los frenéticos bailes realizados y felicitaban a los artistas que desfilaron por el escenario. El rostro de Chocolate proyectado en el ecram, sin duda reafirmaba aquella frase que repetimos toda la noche hasta quedar afónicos “Tumba y Retumba, Chocolate”.

Aquel jueves 21 de junio, se iniciaba oficialmente el invierno en el hemisferio sur, pero el calor, el ritmo, la música y la alegría que nos regalarían los estupendos músicos retrasarían indudablemente ese comienzo. La cita no era en más que en “El Dragón”, aquel bar barranquino que acogió mis frenéticas noches de adrenalina universitaria, cuando los lunes o martes se convertían sin problema alguno en un desenfrenado fin de semana.

Once de la noche era la hora prevista, y ya la barra estaba abarrotada de invitados que disfrutaban de sus tragos con una increíble mixtura de fondo con temas de Perú Jazz, Chaqueta Piaggio, Irakere, y como no del homenajeado aquella noche Julio Algendones. Los artistas que entrarían en escena se confundían entre los asistentes, recibiendo saludos y posando para las fotografías de rigor. Una cámara de video enclavada desde una esquina cerca al escenario, se alzaba imponente desde el piso en un trípode interminable que buscaba capturar todo el ambiente. Todo estaba preparado.

Media hora después, en medio de aplausos, vivas y gritos como “Chocolate, chocolate, chocolate” o el clásico “oe, oe, oe, oe, choco, choco” un emocionado Manongo Mujica inundaba nuestros oídos con sonidos arrancados a los mas extraños instrumentos de percusión, cantaros de barro, jarrones, castañuelas enormes, palos de agua, platillos, ollas y un sin fin de instrumentos que se mezclaban armoniosamente con la voz de Pepita García Miró, quien como de costumbre tocaba la Kalimba solo como ella lo sabe hacer. Esta introducción dio paso a un Cotito nostálgico en sus palabras y desenfadado en su ejecución, sus palabras calaron e hicieron que todos sintieran ese nosequé en la boca del estomago, que solo pueden experimentar los que han tenido un gran amigo, un hermano y ahora esta lejos. Sus golpes de cajón fueron los catalizadores para que los cuerpos del público empezaran a menearse y contornearse por ritmos posesos. “El Dragón” era ya una fiesta.

A los ya consagrados Manongo Mujica, Pepita García Miró, Juan Medrano “Cotito”, y Chaqueta Piaggio, se unieron Daniel Mujica en las tumbadoras, Javier Hernández en el contrabajo, Junior Suarez en la guitarra y Julio Galarza en los bongos. Todos los artistas en escena, parecían haber congelado sus latidos con el fin de no sentir la nostalgia propia por la ausencia de alguien que partió. Pero los aplausos a rabiar del respetable, revirtieron esa nostalgia transformando la ausencia en presencia, el recuerdo en presente y como no, como leí alguna vez “haciendo que la muerte sea el estado en que uno existe solo en el recuerdo de otros. Por lo cual no es un final, no hay despedidas, solo buenos recuerdos”.
Y pensaba en el amigo que en este último año me acercó aún más a esta música maravillosa, pensaba en lo feliz que seria de haber estado aquí, pensaba en lo feliz que él estaba siendo con una ilusión, pero de esas que nos devuelven la vida, y pensaba inevitablemente en como seria todo esto cuando ya alguno de los dos no este. Pero no había tiempo para tristezas, un Chaqueta Piaggio espectacular e impecable a ritmo de la Sonora Matancera puso a bailar a todos los presentes, después siguieron boleros, una espectacular descarga como las mejores de Cachao y una perfomance envidiable cantando un tema de Lavoe cerraron la noche.

Noventa minutos para el recuerdo y aplausos por mas de cinco minutos sellaron una noche memorable. Pero hay algo de lo que estoy seguro, ni Chocolate hubiera imaginado una noche así, inolvidable, donde solo la amistad y el amor de los verdaderos amigos puede generar atmósferas tan sentidas, donde la música se convierte en pretexto para aflorar sentimientos y alegrías; y es que era la rumba para Choco, y hoy una semana después de aquella mágica noche, aun resuena en mis oídos, el corazón se me hace chiquitito para estallar en un emocionado grito incendiario “Tumba y Retumba, Chocolate”.

martes, 5 de junio de 2007

Noche de ritmos, sabores y jazz






Alain Brunete y Perú Jazz, junto a otros músicos peruanos se presentaron el sábado 26 de mayo en el Jazz Zone de Miraflores.


Para un amante del jazz en esta ciudad, la noche se presentaba como una oportunidad de éxtasis imperdible, que había creado durante toda la semana gran expectativa en mí. En esa ocasión, se encontrarían algunos de los mejores músicos del país, tanto los relacionados con el género como otros provenientes de distintas tradiciones, con el trompetista francés. Desde la entrada, al llegar al Jazz Zone, fue una experiencia que erizaba los nervios, cuando fuimos recibidos por un póster de Billy Holiday, joven y hermosa, que parecía dar la bienvenida a los fieles aquella noche. Llegué al lugar con tres amigos, y nos dimos con la sorpresa que había más gente de la que imaginábamos, por lo menos ya todas las mesas junto al escenario estaban tomadas.

La noche se inició, luego de un pequeño tiempo de espera, con un entusiasmado y “telúrico” Manongo Mujica presentando lo que, parafraseándolo, sería una noche mágica e irrepetible, llena de ritmos nuevos, que nunca antes habían sido escuchados. En un principio, los sonidos andinos ancestrales se apoderaron del escenario de la mano de Miguel Molina, interpretando a través de un tambor y diversas antaras, pututos y otros instrumentos de viento, música ritual que puede ser escuchada, según contó Molina, solo un día determinado del año en algunos pueblos del altiplano que conservan sus ceremonias tradicionales. Esta música intentó además, con cierto éxito, dialogar con un instrumento occidental como la trompeta, tocada por Alain Brunet, un incansable amante de la música tradicional y nativa de los países que visita, y que se caracteriza, también, por innovar en ese campo.

Ya con algo más de sabor, y por un camino que parece comenzar a encontrar un norte, se inició la fusión de música afro peruana con jazz, elementos que parecen haber encontrado lo que podría llamarse un “maridaje perfecto”, sin contar con el hecho importante que Perú Jazz es el grupo pionero en la materia, por lo que sus integrantes tienen una amplia experiencia. En este caso, el elemento negro se hizo presente con el cajoneo y voz de Juan Medrano “Cotito” y, alternando el cajón y las tumbas, Marcos Mosquera, a los que luego se sumaría la guitarra de Ernesto Hermosa y el bajo de David Pinto, para lograr un sabor peruano con ecos de flamenco que, gracias a la guitarra de Hermosa, enriquecían aún más la experiencia con ritmos que hicieron zapatear al trompetista francés.

Con esto terminó la primera parte de un concierto que había ido creciendo en intensidad conforme avanzaba la noche y se sumaban músicos al escenario. La segunda parte arrancó con los dos músicos que completarían esta autoproclamada “ensalada de sonidos”; Manongo Mujica en la percusión y batería, y Pepita García Miro en la voz y tocando la kalimba. La primera canción de esta segunda parte inició con un sonido que se podría definir como natural, casi líquido, con la percusión y los sonidos del instrumento africano manejado con maestría por Pepita, el que se ha convertido en sello personal de su música. Así comenzó cantando “Luna de arena”, la primera canción de su disco “Alas de viento”, que de una manera mágica transportaba al oyente a un universo distinto. A esta canción le siguió un clásico como Summer time, y luego con un bombardeo de sonidos y ritmos que llenaron el ambiente de sensaciones a veces densas y tribales, y otras más armónicas, pero siempre con la fuerza y virtuosismo que lograron emocionar a los espectadores que por momentos parecían unirse al conjunto de músicos desde su silla, llevando el ritmo con las manos y con los pies. Cabe resaltar el dúo entre Brunet y Hermosa, donde este último demostró toda su habilidad con la guitarra flamenca. En esta última parte, donde el concierto llegó a su climax, se pudo escuchar a los músicos integrados, aunque no puedo dejar de pensar que quedó una sensación de algo ligeramente forzado, tal vez en construcción, dentro de esta mixtura de ritmos y sonidos.

Un comentario aparte merece la ausencia de Jean Pierre Magnet en el ensamble de músicos peruanos, donde hubiera sido interesante ver como interactuaban ambos vientos en el mismo escenario. Pero, más allá de todo, la noche fue una fiesta para los músicos nacionales que compartieron con el francés toda nuestra música, mientras que el francés demostraba estar más que feliz con los ritmos y músicos que se presentaban en el escenario del Jazz Zone aquél sábado por la noche. Volver a Water Babies


Alain Brunette y Manongo Mujica