martes, 5 de junio de 2007

Noche de ritmos, sabores y jazz






Alain Brunete y Perú Jazz, junto a otros músicos peruanos se presentaron el sábado 26 de mayo en el Jazz Zone de Miraflores.


Para un amante del jazz en esta ciudad, la noche se presentaba como una oportunidad de éxtasis imperdible, que había creado durante toda la semana gran expectativa en mí. En esa ocasión, se encontrarían algunos de los mejores músicos del país, tanto los relacionados con el género como otros provenientes de distintas tradiciones, con el trompetista francés. Desde la entrada, al llegar al Jazz Zone, fue una experiencia que erizaba los nervios, cuando fuimos recibidos por un póster de Billy Holiday, joven y hermosa, que parecía dar la bienvenida a los fieles aquella noche. Llegué al lugar con tres amigos, y nos dimos con la sorpresa que había más gente de la que imaginábamos, por lo menos ya todas las mesas junto al escenario estaban tomadas.

La noche se inició, luego de un pequeño tiempo de espera, con un entusiasmado y “telúrico” Manongo Mujica presentando lo que, parafraseándolo, sería una noche mágica e irrepetible, llena de ritmos nuevos, que nunca antes habían sido escuchados. En un principio, los sonidos andinos ancestrales se apoderaron del escenario de la mano de Miguel Molina, interpretando a través de un tambor y diversas antaras, pututos y otros instrumentos de viento, música ritual que puede ser escuchada, según contó Molina, solo un día determinado del año en algunos pueblos del altiplano que conservan sus ceremonias tradicionales. Esta música intentó además, con cierto éxito, dialogar con un instrumento occidental como la trompeta, tocada por Alain Brunet, un incansable amante de la música tradicional y nativa de los países que visita, y que se caracteriza, también, por innovar en ese campo.

Ya con algo más de sabor, y por un camino que parece comenzar a encontrar un norte, se inició la fusión de música afro peruana con jazz, elementos que parecen haber encontrado lo que podría llamarse un “maridaje perfecto”, sin contar con el hecho importante que Perú Jazz es el grupo pionero en la materia, por lo que sus integrantes tienen una amplia experiencia. En este caso, el elemento negro se hizo presente con el cajoneo y voz de Juan Medrano “Cotito” y, alternando el cajón y las tumbas, Marcos Mosquera, a los que luego se sumaría la guitarra de Ernesto Hermosa y el bajo de David Pinto, para lograr un sabor peruano con ecos de flamenco que, gracias a la guitarra de Hermosa, enriquecían aún más la experiencia con ritmos que hicieron zapatear al trompetista francés.

Con esto terminó la primera parte de un concierto que había ido creciendo en intensidad conforme avanzaba la noche y se sumaban músicos al escenario. La segunda parte arrancó con los dos músicos que completarían esta autoproclamada “ensalada de sonidos”; Manongo Mujica en la percusión y batería, y Pepita García Miro en la voz y tocando la kalimba. La primera canción de esta segunda parte inició con un sonido que se podría definir como natural, casi líquido, con la percusión y los sonidos del instrumento africano manejado con maestría por Pepita, el que se ha convertido en sello personal de su música. Así comenzó cantando “Luna de arena”, la primera canción de su disco “Alas de viento”, que de una manera mágica transportaba al oyente a un universo distinto. A esta canción le siguió un clásico como Summer time, y luego con un bombardeo de sonidos y ritmos que llenaron el ambiente de sensaciones a veces densas y tribales, y otras más armónicas, pero siempre con la fuerza y virtuosismo que lograron emocionar a los espectadores que por momentos parecían unirse al conjunto de músicos desde su silla, llevando el ritmo con las manos y con los pies. Cabe resaltar el dúo entre Brunet y Hermosa, donde este último demostró toda su habilidad con la guitarra flamenca. En esta última parte, donde el concierto llegó a su climax, se pudo escuchar a los músicos integrados, aunque no puedo dejar de pensar que quedó una sensación de algo ligeramente forzado, tal vez en construcción, dentro de esta mixtura de ritmos y sonidos.

Un comentario aparte merece la ausencia de Jean Pierre Magnet en el ensamble de músicos peruanos, donde hubiera sido interesante ver como interactuaban ambos vientos en el mismo escenario. Pero, más allá de todo, la noche fue una fiesta para los músicos nacionales que compartieron con el francés toda nuestra música, mientras que el francés demostraba estar más que feliz con los ritmos y músicos que se presentaban en el escenario del Jazz Zone aquél sábado por la noche. Volver a Water Babies


Alain Brunette y Manongo Mujica